Mi meditación Lectura 19 de enero 2015

Jesús habla de los testimonios que nos hacen creer en Él, pero el versículo 34 me llama mucho la atención. Cuando dice: “Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno”, quiere decir que Jesús no necesita el testimonio del profeta Juan el Bautista. El motivo por el que Él no necesita atestiguar sobre sí mismo, ni tampoco necesita que otros lo hagan es porque hay una evidencia mucho más clara que todo. Y justamente las obras que Él realizó dan testimonio de Él (v.36), Dios que envió a Jesús dan testimonio de Él (v.37), y la Biblia dan testimonio de Él (v.39).

Mi aplicación

¿Por qué me preocupo tanto y me esfuerzo tanto para dar testimonio de mi fe o de mi ministerio? ¿Qué otro testimonio será necesario si cumplo con la voluntad de aquel que me envió? ¿Acaso no será que fanfarroneaba para demostrar que todo era obra de Dios, ocultando mi ser porque buscaba mi propio beneficio y satisfacción fingiendo que hacía la obra de Dios? Me doy cuenta de que por eso me sentía segura al escuchar a otros dar testimonio reconociendo mi labor. Una vida que se destaca es aquella que puede poner fin a este círculo vicioso. Yo debo realizar el trabajo de Dios de manera diferente a cómo trabajan los mundanos. Sin importar cual sea el ministerio debo hacerlo recordando siempre que es una tarea que me asignó Dios, y Él lo reconocerá si lo realizo acorde a Su voluntad y no a la mía. Por lo tanto, al seguir la obra de Dios no esperemos que quienes nos rodean den testimonio o reconozcan lo que hacemos, sino que sigamos firmes en nuestro deber como lo hizo Jesús.

Mi oración

Me arrepiento de haber alardeado diciendo que hacia la obra de Dios. Haz que cuando me dedique al ministerio solo transmita las palabras que Tú pones en mis labios y que siempre te ponga a Ti por sobre todo.